Gasolina, Diesel o Agua

LLENO, PERO DE AGUA

Esto se habría podido escuchar en una gasolinera, si el invento de un español hubiera prosperado y que hubiera resultado una gran revolución en el sector de la automoción.

Arturo Estévez Varela, extremeño de Villanueva de la Serena, nacido en 1914,fue uno de los grandes y polivalentes inventores, de los muchos que ha dado nuestro País. Después de estudiar Ingeniería Industrial en Madrid, además de ejercer su profesión en diversas fábricas, se dedicaba a inventar, y tan polivalente era, que lo mismo inventaba un sistema de recuperación de piezas de cohetes espaciales -chatarra espacial- del que se interesó la NASA, lo que le dio cierta fama, que un sistema de baterías solares para producir energía eléctrica, o un sencillo horno electrónico para asar pollos.

Llegó a crear y desarrollar casi un centenar de inventos, de los que setenta y tres logró vender, ingresando importantes cantidades por ello, que añadía a su sueldo como ingeniero. En 1953, por ejemplo, vendió los derechos de patente de un arrancador automático para tubos fluorescentes por 370.000 pesetas de aquella época. En 1972 consiguió la Medalla de Plata en la Exposición Internacional de Inventores de Ginebra.

Pero por lo que se hizo famoso, pasando de héroe a villano, fue por su Motor de Agua… Y algo más, que presentó en 1971.

Durante mucho tiempo se dedicó a viajar por España haciendo demostraciones de su invento, un generador de hidrógeno, con un ciclomotor, al que ponía en el depósito “agua fresca, limpia y pura de un botijo” del que él bebía un trago, a la que añadía unas piedrecitas. Fue noticia diaria en los medios informativos.

Alrededor de su invento, se creó «una leyenda negra» con acusaciones de fraude y de que era imposible que funcionara, por parte empresas energéticas y petroleras, aunque intentaron comprar la patente para silenciarlo. Regaló la licencia al Estado español, sin que la tuvieran en consideración alguna, hasta el punto de que el Ministro de Industria calificó al motor “como una broma”
A pesar de todo, Don Arturo seguía con sus demostraciones e invirtiendo dinero para convencer de la bondad de su invento.

Y lo consiguió, vendiendo la mitad de los derechos de utilización a su amigo José Carrera Rey por seis millones de pesetas de las de los años setenta del pasado siglo. Acordaron realizar una presentación a la prensa, a la que el inventor no se presentó, por lo que el comprador de los derechos le interpuso una querella por estafa, de la que Estévez fue absuelto en su día.

A partir de ese momento, el inventor desapareció de la vida pública, sin volver a tener noticia de él. El motor realmente funcionaba, a base del generador de hidrógeno a partir del agua con un reactivo, esas piedrecitas que añadía, que era boro, cuyo coste era altísimo, lo que impedía su comercialización.

Al final, el gran invento del motor de agua, se quedó en “agua de borrajas”

Artículo escrito y documentado por: José Carlos Sainz de los Terreros Isasa

Enlace del video (gracias!): Lamaneta

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